Como te ves te tratas
¿Le ha sucedido que hay gente que desea conocer, o que no desea hacerlo, tan sólo por lo que ha oído de ella? Por ejemplo si en el trabajo una compañera le platica lo terrible que es su cónyuge, ¿le dan ganas de conocer a ese hombre y hacer amistad con él? Seguramente no. Lo que ha escuchado le motiva a evitar a esa persona. Tratamos a la gente con base en lo que pensamos de ella. Otro ejemplo (no es caso real, es inventado). Imagine que le platico de un colega mío que se dedicaba a impartir campamentos de autoestima para adolescentes hasta que lo denunciaron por abuso sexual
Las ventajas de ser anormal
Parámetros comunes. En este sentido lo normal es lo que practica la mayoría, independientemente de que sea correcto o incorrecto. Actuar como se comportan los demás nos lleva a formar parte de la normalidad, pero ¿nos conviene ser miembros del club de normales? En cuanto a la aceptación social, seguramente sí, pues al regirnos por lo que mandan los preceptos comunes aumentamos las posibilidades de ser aceptados por las personas del sector al que pertenecemos, y podemos cobijar nuestras acciones bajo el hecho de que otras personas actúan así. Sin embargo esto también tiene su contraparte. Analicemos: Resulta ordinario que las personas se embriaguen los fines de semana en sus
Más espejos menos ventanas
Tuve una sobremesa de café con buenos amigos. En esta agradable charla alrededor del aroma de café y de muchos carbohidratos, además de la culpa en cada mordida a los postres, abundaron temas que seguramente también usted ha tenido con sus amigos y familiares: el problema de la violencia, las deshumanización de la sociedad, los cambios climáticos, la banalidad que muestra la juventud, lo difícil de la economía, la promiscuidad y decaimiento sexual de la nueva generación, la abundancia de divorcios y adulterio en las parejas de nuestra edad, la corrupción en el gobierno y la carencia de políticos honestos, confiables y comprometidos. Esa tarde, como muchas otras, escuché y
Llegar a ser grandes
Hace poco visité con mi familia un museo de cera. En él encontramos estatuas de personalidades de la historia, el deporte, la ciencia y el mundo del espectáculo. Allí se encontraban principalmente réplicas de famosos y de algunas grandes personalidades. Durante el recorrido los visitantes aprovechamos para tomarnos fotografías con distintas celebridades. Mientras mis hijas casi derretían la mano y mejilla de Brad Pitt, mi esposa abrazaba a un mudo George Clooney que aceptó fotografiarse con cada mujer que pasaba cerca de él. En mi caso admito que si a Brad Pitt le hubieran colocado a un lado la esfinge de Jenniffer Aniston, seguramente me hubiera fotografiado con ella, pero
No sé cómo vivir, estoy improvisando…
Después de 48 años de respirar, y de muchos errores, he aprendido que la vida no consiste en dominar las variables que se nos presentan, sino en tener la flexibilidad suficiente para afrontar los cambios que nos llegarán, aceptando que no tenemos el control sobre todo, es más, que prácticamente sólo tenemos dominio sobre cómo vamos a responder ante lo que sucede. Hace poco me encontré con esta frase en la pared de una calle: “Yo tampoco sé cómo vivir, estoy improvisando”. La realidad es que todos, estemos conscientes de ello o no, vivimos inventando cómo actuar, o mejor dicho, improvisando como afrontar cada día. Hay momentos en que pensamos